sábado, 4 de febrero de 2012

Capítulo 7

Es extraño, no recuerda nada de lo que ha pasado esa misma tarde y sin embargo sabe que fue especial. Lo único que recuerda es despertar en brazos de Adrián, él le dijo que se había desmayado pero, ¿por qué se desmayaría? Solo lo suele hacer cuando pasan cosas extrañas entorno a ella, espera no haberlo asustado con una de esas cosas. Se pregunta que puede haber sido esta vez, en caso de que algo haya pasado, ¿habrá hecho crecer los árboles y las flores de repente? ¿O quizá haya provocado un mini tornado? ¿Puede que se haya rodeado de decenas de pequeñas bolas de fuego? ¿Tal vez haya sido el agua? Recuerda un lago, es muy probable que si ha pasado algo haya sido con el agua, aunque también puede haber sido aquello otro, es extraño nunca antes le había pasado y desde que está en Goodway todo ha cambiado, ese pueblecito idílico tiene algo raro que la atrae.

El sonido del timbre la devuelve a la realidad, ¿quién podrá ser a esas horas? Sea quien sea parece impaciente. Gabriela no pierde un minuto y se apresura a recibir a sus inesperados invitados. En la puerta están Helena y aquel chico tan guapo amigo de Adrián, Éleon. Helena porta entre sus brazos un libro, lo oprime contra su pecho y mira de un lado a otro nerviosa, como si temiese que alguien pudiera arrebatárselo. Gabriela se aparta y los deja pasar, los dos chavales entran y sin esperar las indicaciones de Gabi suben hasta su dormitorio, ella los sigue aun sorprendida por la visita.
Cuando llegan a la habitación se detienen, Helena se sienta en la cama de Gabi y abre el libro, los pergaminos y manuscritos se extienden por toda la colcha. Gabriela los mira sin entender muy bien que pasa, ellos siguen ensimismados con el libro y ordenan sus páginas con extremada delicadeza.
-Siento que nos hayamos colado en tu casa, pero es importante.- Comienza a explicar Helena.- ¿Recuerdas lo que pasó esta tarde en el lago?
-No demasiado bien.- Dice Gabriela extrañada.
-Esto lo complica todo.- Le comenta Éleon a Helena.
-Verás, no sé si habrás notado que a tu alrededor suceden cosas extrañas.- Helena hace una pausa y Gabriela asiente.- Esas cosas fuera de lo común pasan por una razón. Este libro lo explica todo pero es demasiado arriesgado dejarte sola con él, no por ti sino por Marcus. Ese hombre quiere este libro y...
-Espera,-la interrumpe Gabi.- ¿es alto y pálido, con el pelo muy claro?
-Sí, ¿cómo lo sabes?- Pregunta Éleon intrigado.
-Me hizo una visita... Me dijo que se os acababa el tiempo.
La última frase de Gabi hace que tanto Éleon como Helena se alarmen. Marcus conoce a la elegida, sabe donde vive, sabe que no está preparada y que es débil, eso le da ventaja y los pone a ellos en una situación muy delicada, es cierto que se les agota el tiempo y no pueden hacer nada para evitarlo.
-Mira, es cierto que no tenemos tiempo así que necesito que me creas aunque no sea nada fácil, a mí también me costó asumirlo.- Dice Helena con una voz seria, en su rostro se puede adivinar la preocupación.
-De acuerdo.
-Desde hace un largo tiempo han existido seis clanes: el clan de los maestros, el del Agua y el hielo, la Tierra y el metal, el Fuego y la energía, el Aire y el tiempo, y por último y más importante, Luz de Luna. Cada clan posee afinidad con un elemento, en el caso del agua, por ejemplo, es obvio, pero todo se complica en Luz de Luna, este clan es el más importante y el más poderoso. Para eso existe el clan de los maestros, estos no poseen ningún tipo de poder especial relacionado con los elementos, sin embargo dominan cada uno de ellos y nos entrenan para poder usar los nuestros, son los únicos que conocen bien el don de Luz de Luna, tu don.- Helena hace una pausa y continua.- Pero lamentablemente el último maestro murió hace unos cuantos meses, antes de que llegases, antes de saber que tenías el don que necesitamos para vencer a Marcus. No hay ningún otro maestro, nuestro mentor no tuvo tiempo de entrenar a uno nuevo.
Gabriela no responde, se limita a reír nerviosamente. No puede, o no quiere creer nada de lo que está pasando a su alrededor. Es cierto que le han estado pasando cosas extrañas desde que alcanza a recordar y también es verdad que ahora le pasan con mayor frecuencia pero aun así no puede creerlo.
-Sabemos que es difícil de creer, pero tienes que hacerlo.- Dice Éleon al ver la incredulidad en la cara de Gabi.
-Esto no tiene ninguna gracia, quiero que os vayáis. Ahora.- Las palabras de Gabriela apenas pueden fluir, demasiadas emociones en un día.
-Cometes un grave error.- Se apresura a decir Helena.
-¡He dicho que os vayáis!- Gabriela alcanza a pronunciar estas palabras con lágrimas en los ojos, fuera ha estallado una fuerte tormenta, una tormenta que, todos saben, ha sido provocada por ella inconscientemente.
Sin mediar palabra Éleon y Helena salen de la habitación, serios y asustados aunque ninguno quiera aceptarlo, cómplices de un sentimiento de preocupación. Son conscientes de que no podrán vencer a Marcus sin la ayuda de Gabriela, tienen que convencerla de alguna manera.

Cuando Éleon y Helena se han marchado Gabriela se deja caer sobre su cama, no puede evitar sentirse mal por no creerlos pero sabe que se sentiría peor si aceptase ser lo que ellos dicen que es, porque lo único que de verdad anhela es ser normal, y tener problemas normales, como una chica de casi 17 años normal y corriente, como las demás. Poco a poco la tormenta se disipa y la luz de una luna llena perfecta entra por su ventana, iluminando las lágrimas que caen por sus mejillas, siente un cosquilleo, entonces se dirige a la ventana y corre las cortinas, también enciende la luz de su habitación quiere evitar que esa luz de luna que le parece mágica entre a su cuarto, ya no lo ve todo como antes. Pero aunque haya conseguido librarse de la luz de la luna nota una presencia extraña a su alrededor. Siente que es un enemigo, lo siente en su interior, se le pasa por la mente un nombre: Marcus.

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