domingo, 12 de febrero de 2012

Capítulo 9

-Adrián, tenemos que hablar.- La voz de Helena suena ronca, con su particular tono de enfado, ese que hace que te tiemblen las piernas de puro terror.
Adrián sin mediar palabra se acerca a la orilla de la laguna sin soltar ni un instante a Gabriela, no quiere que se la arrebaten. Esa chica le gusta, le gusta lo fuerte que es, pues sabe que no es nada fácil vivir con una carga así, salvar el mundo es mucha responsabilidad para una sola persona, lo es incluso para los cinco juntos, pero él y sus amigos lo tienen más fácil, saben lo que va a pasar, lleva mucho tiempo escrito, no pueden cambiar su destino pero a ninguno le importa, quieren morir por esa chica y salvar al resto del mundo, que mueran es algo importante, solo quieren que no se alargue la espera que es lo que realmente los está matando.
Cuando sus pies alcanzan a tocar el suelo Gabriela desfallece, afortunadamente Adrián está allí para sujetarla. La coge en brazos como si de una princesa se tratase, su princesa, y se apresura en contestar a Helena.
-¿Qué quieres?
-Me gustaría que hablásemos en privado.- Dice con un tono más serio si cabe.
-Vamos, no va a escuchar nada, se ha desmayado.
-Me da igual.
Entonces Adrián se da media vuelta y mira fijamente la laguna, algo de agua se alza y mientras Adrián extiende los brazos el agua rodea a Gabriela protegiéndola y aislándola de la realidad.
-¿Qué estás haciendo?- Pregunta Helena sarcásticamente.- ¡Es la elegida!
-¡Estoy harto de oír eso! Ya sé que es la elegida pero la quiero, o por lo menos eso creo, me gusta mucho.
Helena se acerca a él y lo abraza, el tono de su voz cambia por uno más cálido y protector.
-Sabes que no puedes, quizá duela pero es tu destino, y piensa en ella, si sabe que tienes que morir intentará impedirlo y morirá ella.
Adrián se aparta y baja la cabeza, se aproxima al lecho de Gabriela y la coge de nuevo en brazos.
-De acuerdo. Tienes razón, ella debe vivir.
Antes de que Helena pueda contestar Adrián se adentra en el bosque y ella lo pierde de vista. Se siente mal y necesita descargar la rabia, levanta su mano y la mira, esta comienza a arder pero ella no se extraña, lanza la bola de fuego todo lo fuerte que puede y esta impacta contra un árbol al otro lado del claro haciéndolo pedazos. Después cerrando el puño hace que las pocas llamas que quedaban se extingan.
Una figura detrás de ella se aproxima hasta que están a la misma altura pero Helena no se da cuenta de su presencia hasta que este le habla.
-Vaya demostración, ¿acaso sabías que estaba aquí?- Dice Marcus casi al borde de la risa.
Helena se gira asustada, ¿puede ser él? Su pregunta obtiene respuesta rápidamente, la figura que ante ella se presenta es idéntica al retrato que en los manuscritos se haya.
-¿Qué haces aquí?- Pregunta ocultando su miedo.
-Observo como me pones las cosas fáciles.- Hace una pausa para reírse.- Gracias a ti el chico del clan del agua le partirá el corazón a la elegida, le dirá algo que yo ya le he dicho antes y reconsiderará mi oferta hasta el punto de aceptarla, estoy completamente seguro. Gracias por hacerme el trabajo sucio. Y por supuesto ahora que sabes esto no puedo dejarte marchar.
Marcus coge del brazo a Helena que intenta liberarse sin éxito. La envuelve entre sus brazos y la mira fijamente, con una sonrisa de oreja a oreja. Lo último que puede ver Helena antes de desmayarse es a Marcus guiñándole un ojo. Tras el desmayo de Helena, Marcus la coge en brazos y concentrándose consigue escapar de aquel claro. Su lugar de destino es una cueva no muy lejos del pueblo, en la ladera umbría de una pequeña montaña a las afueras de Goodway.

Pasan unas horas hasta que Helena despierta, está en una cama, parece antigua, es de una madera muy oscura y con unos grabados realmente preciosos y cuidados, las sábanas que recubren su cuerpo son rojas como la sangre. Se encuentra mal, la cabeza le da vueltas y no recuerda nada después de que Marcus la envolviese entre sus brazos, aun puede sentir el tacto frío de las manos de aquel hombre que no es mucho mayor que ellos, aun puede recordar sus ojos completamente negros como la noche y su sonrisa macabra. Con mucho cuidado se levanta, no parece que Marcus la haya tocado, no tiene ninguna herida y lo único que le duele es la cabeza. Al poner los pies en el suelo un escalofrío recorre la espalda de Helena, ¿está descalza? Busca con la mirada sus botas pero no las encuentra. Se queja en un murmuro y se pone en pie, avanza por la habitación, que parece incrustada en la roca, hasta llegar a la puerta, la abre un poco y mira a través del hueco que resta entre la puerta y el marco de esta. Puede ver un sillón delante de una chimenea, sin embargo no puede ver con claridad quién está sentado pero observa una mano que sujeta una copa de vino. Poco a poco abre la puerta con muchísima delicadeza intentando no hacer ningún ruido.
-Adelante, acércate.- La voz sale de detrás del sillón.
-¿Cómo sabes que estoy aquí?
-Vamos, solo hay que observar el fuego. En cuanto has entrado se ha avivado.- Dice Marcus haciendo girar el sillón para mirarla, y señalando un sillón a su lado añade.- Toma asiento, eres mi invitada.
Helena se acerca al sillón y como Marcus ha dicho se sienta. Marcus le sirve una copa de vino pero ella la rechaza, tan solo tiene 17 años y cree que no debería beber.
-¿Qué quieres de mí? ¿Me vas a matar?
-¿Matarte? No podría. Me recuerdas a alguien, a alguien a quien amé. No podría lastimarte pequeña.
-Me lo he pensado mejor, quiero esa copa de vino.- Dice alargando el brazo para alcanzar la copa de vino.
Marcus se levanta del sillón y avanza hasta Helena, se agacha para poder estar a su altura y la mira a los ojos, sonriente, como siempre. Ella bebe un gran trago de vino y acto seguido hace una mueca muy expresiva, no está acostumbrada al sabor del alcohol. Pone las manos en los hombros descubiertos de la chica, y las baja haciendo que el jersey de la chica baje también. Helena aparta la mirada con los ojos algo llorosos pero no evita que Marcus le quite el jersey.
-Vaya, eres... igual a ella, pero te falta algo.
De nuevo la agarra del brazo y hace que se levante del asiento,  le da la vuelta y casi sin esfuerzo desgarra el jersey de Helena, dejando su espalda desnuda. Con un pequeño empujón hace que Helena caiga al suelo, levanta su capa y como de la nada saca un látigo de ella.
-Mi querida Nina, ella poseía tu poder y yo la amaba, no sabes cuanto. Pero no funcionó. Ella era fuerte, muy fuerte, soportó castigos inhumanos, y su espalda estaba repleta de marcas de latigazos.
Alza su mano, la mano que empuña el látigo y casi sin mostrar emoción alguna golpea la espalda de Helena hasta que consigue que grite, cuando oye como de su boca brotan los gritos y de sus ojos las lágrimas para su tortura y la pone en pie. Las gotas de sangre se deslizan por su espalda hasta caer al suelo.
-Dijiste que no me lastimarías.- Dice Helena casi sin aliento.
-Discúlpame, te mentí.- Contesta Marcus riendo.
La lleva de nuevo hasta la habitación en la que antes despertó y la tira en la cama. Puede ver el terror en los ojos de Helena y eso le gusta, casi le excita. Se aproxima a ella con cuidado y acaricia su rostro, limpia las lágrimas de sus mejillas y la besa. Helena quiere ser fuerte, por ella y por los demás, sobretodo por Aarón.
-Sé una manera de hacer tu estancia conmigo más agradable, únete a mí, olvídate de esos necios que se creen superiores, esos idiotas de tus amigos.- Mientras dice esto, Marcus, acaricia los hombros de la chica.
-Me das asco.- Tras decir esto Helena escupe en la cara al hombre que en verdad odia con toda su alma.
-Mala elección.
Marcus agarra las manos de Helena y rompe parte de las sábanas, la arrastra hasta el cabecero y ata las manos de la chica a la cama. Helena intenta zafarse de su captor pero le es imposible, está atrapada. Marcus saca de su túnica una navaja y con no demasiado cuidado raja lo que queda del jersey de la chica, roto y ensangrentado, cuando ha terminado de cortarlo se deshace de él y observa el torso desnudo de la chica, él también se desprende de su capa. Helena intenta librarse de Marcus, esta vez propinándole patadas, pero el no se aparta, agarra sus piernas y se sienta encima de la chica.
-Ten por seguro que esta noche será muy larga. Y ya que no has querido colaborar le haré lo mismo a Gabriela y mataré a los demás.
Las últimas palabras que alcanza a pronunciar Helena son ruegos y súplicas, no quiere que haga daño a ninguno de sus amigos pero sus palabras pronto se ven ahogadas en los gritos de aquella noche eterna para Helena.

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