jueves, 9 de febrero de 2012

Capítulo 8

Se gira de un lado a otro, la lámpara de su habitación se apaga una y otra vez hasta que por fin lo hace del todo, Gabriela se dirige al interruptor y lo pulsa nerviosa repetidamente pero no obtiene el resultado deseado.
-Parece que se ha fundido la bombilla.- Se repite para tranquilizarse.
Puesto que no ve nada se acerca a la ventana y descorre las cortinas rescata la luz de la luna llena.
-Sabes que no ha sido una simple bombilla fundida, he sido yo.- Una voz tenebrosa hace que Gabriela gire sobre si misma para encontrarse con los ojos de Marcus.
-¿Qué quieres?- Alcanza a decir Gabi con voz entrecortada.
-Es muy sencillo, quiero que nos llevemos bien.- Dice Marcus sonriendo.
-¿Tan solo eso?- Pregunta Gabriela, y Marcus asiente. -¿Por qué?
-Yo poseo el mismo don que tu, te entiendo y sé que tú me entenderás a mí, algo que nadie ha hecho nunca. Yo puedo entenderte, saber cómo te sientes y escucharte, ninguna otra persona podrá hacerlo. No sé qué te han contado sobre mí pero seguro que nada bueno, déjame ilustrarte, permíteme mostrarte la verdad.- Marcus da un paso hacia ella y le tiende la mano.- Solo tienes que coger mi mano y yo te guiaré.
Sin saber muy bien por qué Gabriela coge su mano con fuerza y se deja llevar, los ojos de aquel extraño muchacho la cautivan, sus ojos negros como dos pozos sin fondo la han atrapado y ella no se ha podido resistir, ha caído en su trampa. Marcus tira de ella, haciéndola avanzar hasta que sus cuerpos chocan y sus brazos la rodean.
-Esto no está bien.- Consigue decir Gabriela escapando de su embrujo, aunque no del todo.
-Entonces ¿qué es lo correcto, morir por ellos? ¿O es que no te lo han explicado? Tu y yo, los que poseemos este don estamos condenados a morir pero no sin antes cagar con la muerte de nuestros compañeros en la conciencia. Como pasó con Nina, la chica a la que amaba, la chica a la que tú me recuerdas. Ven conmigo ahora y te prometo que seremos felices, para siempre.-Dice Marcus, pero al observar la duda en la cara de Gabi se aventura a rectificar.- Piénsalo, mañana volveré.
Y nada más decir esto Marcus se esfuma, dejando tras de si una estela de humo negro que se desvanece poco a poco cuando la luz de la luna lo alcanza. Gabriela se apresura y mira por la ventana, cerca del bosque le parece ver una sombra, sin perder un minuto se dirige al armario y de él saca un abrigo y unas botas, se sienta en la cama y cambia sus zapatos por las botas que acaba de sacar, pero antes de levantarse repara en algo en lo que antes no se había fijado, una de las hojas del libro que antes portaba Helena entre sus brazos.  La coge y echa un vistazo sin mostrar demasiado interés pero la mirada de Gabriela cambia cuando se da cuenta de que está leyendo en una lengua de la que ni tan siquiera había oído hablar. Esto despierta la curiosidad de Gabriela y hace que se olvide por completo de Marcus. Las agujas del reloj corren pero el tiempo no parece pasar por Gabriela que lleva sentada en la mesa de su habitación un largo tiempo intentando descifrar las últimas frases de la página que se han borrado parcialmente. Siente la necesidad de llamar a Adrián o tal vez a Helena pero no tiene el número de teléfono de esta última, coge su móvil y busca en su agenda a Adrián, cuando lo encuentra respira hondo y pulsa el botón de llamar. No sabe que hacer, acaba de acordarse de Marcus, ¿y si no mentía? ¿Será cierto todo aquello que dijo? Demasiadas dudas, pero ya es tarde para echarse atrás, Adrián ha contestado.
-¿Gabriela?- Pregunta algo desconcertado.
-Sí, verás tu amiga se ha olvidado una de las páginas del libro que traía.-Dice con una voz tímida.
-Voy a por ella, es muy importante para nosotros.
-De acuerdo, aquí te espero.
Sin un adiós o un simple hasta luego ambos cuelgan, Gabriela baja las escaleras a toda prisa agarrando con fuerza la hoja, lo último que quiere es perderla. En su cabeza resuenan las palabras de Marcus, ¿morirían por ella? Eso la destrozaría, no podría cargar con la muerte de nadie sobre su conciencia tal y como dijo Marcus, pero por otra parte quiere creer en la palabra de los amigos de Adrián, quiere creer en Adrián.
Está tan absorta en sus pensamientos que no se da cuenta de que el timbre está sonando hasta que Adrián la llama desde la calle, se lanza hacia la puerta lo más rápido que puede y abre. Quiere que le explique todo, con infinidad de detalles y sobre todo, sinceramente.
-¿En qué lengua está el manuscrito?- Pregunta Gabi con curiosidad.
-No lo sé, supongo que en alguna lengua muerta.- Responde Adrián algo desconcertado.- ¿Por?
-Porque puedo leerla y no sé en qué lengua está escrita.
-Me han contado tu reacción, es decir, después de que Helena y Éleon te contasen todo. Tienes que creernos, es algo muy importante y Helena es muy testaruda si vuelves a dar una negativa querrá que nos olvidemos de ti y estaremos perdidos.- Las palabras de Adrián hacen que Gabi se eche atrás, todo esto la supera.
-Es que me cuesta creer que tras años de ser una "don nadie" ahora sea... eso.- Responde con la cabeza agachada.
-Pues créelo, cree en mi palabra. -Dice poniendo la mano en el hombro de Gabriela.- ¿Dónde está tu madre?
-Es enfermera, trabaja hasta tarde.
-Ven conmigo, te voy a enseñar algo.
Adrián coge la mano de Gabi en un acto casi reflejo y este se sonroja aunque intenta evitarlo por todos los medios, a su vez Gabi también se pone colorada, pero ninguno advierte los sentimientos que tienen el uno hacia el otro. Salen de la casa y se dirigen al final del jardín, se adentran en la espesura del bosque, ambos contemplan aquel paisaje que tan familiar le resulta a Gabi, y no es de extrañar pues es el camino al lago. Cuando por fin han llegado Adrián sonríe, no puede evitarlo, sabe que al final todo saldrá bien y que merecerá la pena morir por Gabriela...
-¿Por qué me has traído aquí? -Pregunta tan curiosa como de costumbre, impaciente por naturaleza y es que no se puede luchar contra los orígenes.
-Quiero que veas de lo que soy capaz, y de lo que serás capaz pronto.
Sin dejar que Gabriela diga una sola palabra más Adrián se sumerge en el agua, esto impacta muchísimo a Gabi pues están en pleno diciembre. Avanza nadando hasta el centro del lago y allí se eleva, sacando por completo su cuerpo del agua, envuelto por el suave y frío abrigo del agua. Levanta los brazos y deja que el agua se alce con él. El agua que Adrián ha liberado, por así decirlo, de la laguna recorre los entresijos y rincones del claro que el tiempo y las caprichosas raíces de los árboles han formado. Casi tocando a Gabriela que ríe a carcajadas ante el asombro de Adrián y el suyo propio, no se siente asustada ni extrañada sino feliz. Poco a poco una aurora de agua y luz la envuelve sin tan siquiera tocarla y la eleva, la lleva junto a Adrián y este la abraza, aprisiona el cuerpo de Gabi contra el suyo pero a ella no le molesta.
-No quiero que hagas nada que no quieras hacer, eres libre de elegir lo que quieras pero me gustaría que te quedases a mi lado.- Dice mirándola a los ojos, y lentamente acerca sus labios a los de Gabriela dejándolos a unos escasos centímetros.- Y me gustaría que...
Adrián no puede terminar la frase, un ruido lo ha hecho regresar del sueño que estaba viviendo, era una voz conocida al igual que la figura que se presenta ante ellos...

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