sábado, 31 de marzo de 2012

Capítulo 15

Esperó, pero no obtuvo respuesta, así que decidió intentarlo de nuevo. Quiere que haya funcionado, lo desea con toda su alma. Ahora se siente cansada y es de esperar, ha empleado mucha fuerza. Se colocó en el centro de la sala, y buscó con la mirada cualquier objeto que pudiese quemar, cogió todos los trozos de tela que encontró y los colocó de manera que formasen un perfecto círculo a su alrededor, después buscó por todos los armarios de la sala hasta que encontró lo que esperaba encontrar: una vieja botella de vino. Con ella impregnó todos los trozos de tela y les prendió fuego, no tardaron demasiado en arder y provocar un incendio entorno a ella, pero la zona en la que Helena se encontraba, la perfecta circunferencia que había dibujado, se mantuvo intacta.
Se concentró como de costumbre, pero no solo cerró los ojos sino que empezó a mover sus manos y brazos trazando en el aire distintos dibujos, símbolos pertenecientes al clan del fuego, estos símbolos provocaron que una brisa agitase el pelo de Helena y lo elevase en el aire. El movimiento de su cuerpo acompañaba al del fuego creando una bella danza, conforme Helena alzaba sus brazos el fuego crecía, parecía bailar con ella, obedecerla y es que eso es lo que estaba ocurriendo.
El fuego cubría la habitación casi por completo, Helena aun no había dejado que el fuego entrase en el círculo. Su cuerpo se movía como si flotase, comenzó a girar sobre si misma, mirando al techo y con los brazos en cruz y entonces un tentáculo de fuego avanzó hacia el interior del círculo, creando una espiral alrededor de Helena. La elevó sobre el suelo y entonces el fuego que estaba retenido llenó por completo el espacio que quedaba libre de llamas.
-Vocant auxilium, nikta mae.- Gritó a pleno pulmón.
Todo ardía alrededor de Helena, los muebles se desintegraban al igual que su ropa, y lo único que permaneció fue ella, incluso la puerta que cerró Marcus con magia había sucumbido a la fuerza del fuego. Entonces ella, con toda la fuerza que fue capaz de reunir extinguió el fuego, lo almacenó en su interior y a la vez mandó la señal que Aarón debía recibir.

Aun puede sentir el calor del fuego ardiendo en su corazón y en su alma, guarda esa fuerza para un bien mayor y aunque quizá debiera usarla para huir ha decidido reservarla para algo más importante. Está sentada en el centro de una habitación calcinada, mira a su alrededor y sonríe, ahora se siente fuerte aunque cansada pero sabe que esa segunda sensación pasará pronto, es como un fénix que ha resurgido de sus cenizas. Se pone en pie y camina por la sala, decide buscar algo que ponerse pero no queda nada en esa habitación. "Quizá en el otro cuarto" piensa Helena. Cruza el umbral de la puerta, o de los restos de ella y busca por la sala algún vestido o ropaje. En la pared de la derecha, justo en frente de la chimenea hay una cómoda, parece antigua, en uno de sus cajones encuentra varios vestidos, saca el primero y su cara cambia por completo, lo que ha encontrado no es otra cosa que un precioso vestido de novia. Sigue buscando y debajo de él encuentra otro vestido de color crema y blanco, de más o menos la época del anterior.

Camina de un lado a otro, no sabe cuando regresará Marcus pero algo le dice que será pronto. Se acerca a la grieta en la pared, aquella por la que puede ver todo el bosque,  y mira a través de ella, espera ver a Aarón pero no ve nada, tan solo árboles, árboles en flor aun estando en diciembre. Algo hace que cambie la expresión curiosa de su rostro, poco a poco se aleja del hueco y retrocede hasta el centro de la sala, justo delante de la chimenea. Lleva las manos detrás de su espalda y toma prestado parte del fuego de la hoguera, lo concentra en una bola de energía y llamas en su mano izquierda, pues ella es zurda. La silueta tenebrosa de Marcus ha entrado en la cueva y avanza hasta ella. Parece disgustado y una de sus manos está sangrando. Helena teme que haya atacado a alguno de sus amigos o a la elegida, sabe que algo ha debido suceder y no está muy segura de que sea algo bueno.
-¿Qué te ha pasado, pareces herido?- Pregunta Helena curiosa sin moverse ni un centímetro.
-Nada, no ha pasado nada.- Responde él sin mirarla a la cara.- ¿Qué haces tú aquí? Recuerdo haberte encerrado.
-Bueno, el fuego es algo incontenible, ¿no?- Contesta Helena intentando no reír.
-Ya hablaremos de eso, desde luego no creas que lo pasaré por alto pero ahora necesito que me cures.
-No lo haré, te prefiero herido.
-Si que lo harás, me basta con provocar un ataque por tu parte para deborar tu energía, la única duda que tengo es el número de torturas que aguantarás.
Mientras dice estas palabras en la cara de Marcus se dibuja una sonrisa que aterra a Helena, pero ella no está dispuesta a darle lo que quiere, no piensa mostrar miedo o dolor alguno. La caballería está al llegar o al menos eso cree.

Se acerca más a ella y la agarra del brazo.
-No puedes hacerme más daño del que ya me has hecho.
Helena detiene la mano de Marcus con la que le queda libre, esa en que tenía la esfera de fuego. El fuego se extiende por el brazo de Marcus, lo quema y no puede evitar soltar un grito de dolor, ahora la sonrisa se haya en la cara de Helena pero desaparece cuando Marcus torna sus gritos en risas. No entiende como no se dio cuenta de lo que Marcus pretendía, pero algo la alienta, una mano. Una mano aparece tras la grieta de la pared, alguien está trepando e intenta entrar, sabe que son ellos, sería imposible para ella no reconocer el anillo que ella misma regaló a Aarón cuando el maestro les contó su desafortunado final.
-Creí que serías más lista, pero creo haberme equivocado.- Dice entre carcajadas.
-Es curioso yo estoy pensando lo mismo sobre ti.- Contesta Helena desafiante.
Lejos de soltar el brazo de su captor, emplea la fuerza que antes había almacenado para "sobrecargar" a Marcus, no necesita derrotarlo, solo agotarlo para que Aarón y los demás puedan acabar con él.
-¡Suéltame!- Grita Marcus envuelto en llamas.
-¡Ya es demasiado tarde! Nunca debiste traicionar a tu equipo, yo no lo haré con el mio.
El fuego se apodera del cuerpo de Marcus, ahoga sus gritos y nubla sus ojos. El fuego y las llamas crecen hasta cubrir también el brazo de Helena, sus fuerzas se agotan pero a ella no parece importarle, debe aguantar. El fuego todavía aumenta y Helena se derrumba, se desploma sobre sus rodillas pero no suelta la mano de Marcus.

Aarón ya alcanza a ver el interior de la cueva, una enorme bola de fuego se ha hecho la dueña del lugar. Sabe que Helena la ha provocado, ¿quién sino? Trepa todo lo deprisa que puede, y cuando ha entrado se para un segundo a tomar aliento, en ese instante puede ver con claridad donde se haya Helena, está a los pies de Marcus el grita aunque le resulta extraño no oír los gritos, solo oye la respiración agitada de su novia. Se apresura y corre junto a ella, Helena solo es capaz de esbozar una débil sonrisilla, ya casi no le quedan fuerzas.
-Ayuda.- Susurra.
Esto impacta mucho a Aarón, no está acostumbrado a oír palabra semejante de la boca de Helena y mucho menos en una situación así, ella siempre intenta ser fuerte por todo el mundo y aunque a veces las fuerzas le flaqueen nunca muestra su lado débil.
La coge en sus brazos y la retira, la deja sobre el suelo, una pequeña lágrima recorre el rostro de Helena y eso da fuerzas a Aarón, lo carga de rabia. Estira su brazo y entre murmullos pronuncia uno de sus encantamientos, la única parte audible es "nikta mae", no quiere que nadie escuche su conjuro. Una rama tras otra sale del suelo, y rodea el cuerpo herido de Marcus, al tiempo que Aarón aprieta su puño la mano formada por tierra y ramas aplasta a Marcus dejándolo casi sin respiración, al desaparecer la bola de fuego los gritos de Marcus se dejan oír y son estremecedores.

Los demás ya han entrado y contemplan la escena, Éleon decide intervenir y convoca las fuerzas del viento, hace una señal a Aaró para que se retire, y así lo hace. El viento convocado por Éleon crea una burbuja alrededor de Marcus y de esa burbuja extrae todo el oxígeno, todos pueden ver la figura de Marcus tirada en el suelo intentando respirar sin éxito. Adrián se acerca a la burbuja y extiende su mano, la introduce en la burbuja y se concentra como todos han hecho antes. El agua comienza a brotar de su mano y llena la esfera, Adrián y Éleon se miran complices y ambos hielan cada uno su conjuro, el viento helado y el agua o más bien hielo son la nueva prisión de Marcus. Aarón se les une y alrededor de estas cárceles construye una más de piedra y Helena con la poca fuerza de la que dispone rellena los huecos que quedan entre piedra y piedra con lava. Todos esperan la intervención de Gabriela, se acerca muy despacio a la jaula de Marcus, y sopla sobre ella, se retira y todos la miran extrañados pero la expresión de sus rostros cambia cuando la cárcel torna su forma en la misma que la de la luna. Una luna en miniatura se convierte en la prisión de Marcus.

Todos respiran aliviados al fin, entre todos consiguieron transportar la luna a la parte del río que permanecía helada, saben que no ha acabado pero también saben que ahora tienen el tiempo que Gabriela necesitaba para prepararse.

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