Ninguno sabe muy bien donde están, parecen andar en círculos. Gabriela suspira agotada y derrotada, no ha sido capaz de encontrar el camino a la cueva, ni tan siquiera el río, no siente el flujo del agua. Le da la sensación de haber pasado por la misma zona unas cien veces, el mismo árbol torcido, la misma piedra, el mismo camino de tierra bajo sus pies...
-Nos hemos perdido, nunca encontraremos a Helena.- Dice Aarón sentándose en una roca, cansado ya a causa de la caminata.
-No digas eso, debemos estar cerca.- Responde Gabriela intentando animar a su nuevo amigo.
-Siento ser tan pesimista pero es que no puedo evitarlo, hemos pasado por aquí muchísimas veces.- Hace una pausa y respira hondo.- Helena es mi novia y es ella quien ejerce el papel fuerte de la pareja, quiero decir que es Helena quien me saca de todos los embrollos y por una vez sé que soy yo quien puede salvarla, quien debe hacerlo y no soy capaz...
-Vamos... la salvarás, lo sé.- Dice Gabriela agachándose junto a Aarón.
-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes saberlo?
-Es una corazonada, la extraña sensación de que todo saldrá bien. No es que lo crea, es que de alguna manera lo sé.
Se miran y por fin Aarón consigue dedicar una sonrisa a su nueva y extraña amiga. Aarón se incorpora y juntos emprenden de nuevo una marcha sin un rumbo demasiado fijo. El tiempo pasa y ellos siguen caminando a la vez que contemplan cada árbol, único a su manera. De vez en cuando Aarón se agacha y recoge unas cuantas piedras que va tirando a lo largo del camino, algo parecido a ese cuento de las miguitas de pan.
El cielo se torna negro en prácticamente una fracción de segundo, los copos de nieve comienzan a precipitarse sobre sus cabezas. El frío comienza a hacerse notar. Aun es pronto pero la noche se les echa encima.
-Gabi, ¿puedes hacer que deje de nevar?- Pregunta Aarón llevándose las manos a los brazos para frotarlos.
-No sé si podré.- Responde Gabriela que también está helada.- Pero puedo hacer otra cosa.
Aarón la mira curioso, Gabriela cierra los ojos como de costumbre y se concentra dejando en su mente una única idea. Aprieta con fuerza los labios y los párpados. Alza las manos pero no lo hace como las otras veces, esta vez parece apuntar al cielo. Abre los ojos y Aarón puede observar como estos, sorprendentemente, han cambiado de color, ya no son azules, ahora reina el negro y el rojo en sus pupilas. La negra y rizada cabellera de Gabriela se eleva como si no hubiese gravedad alrededor del cuerpo de la chica, las nubes han dejado de enviar copos de nieve para contemplar la magia de Gabi.
-¡Ignis protegens me, nikta mae!- Grita Gabriela.
Una aurora de fuego se levanta entorno a los chicos alejándolos del resto del bosque, protegiéndolos de la nieve y el frío. Gabriela ha terminado su ritual y por fin puede bajar las manos, las gotas de sudor recorren el rostro de la chica, está cansada, prácticamente agotada, quizá no es lo suficientemente fuerte como para utilizar esta magia todavía.
-¡Es impresionante! ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo has sabido que palabras debías decir?- Se apresura a decir Aarón completamente impactado por el poder de Gabi.
-Necesito un minuto,- Dice Gabriela sentándose en el suelo.- no sé cómo lo he hecho, y estoy tan impresionada como tú.
Estás últimas palabras vienen acompañadas por una risa. El minuto que Gabriela se toma termina convirtiéndose en un largo tiempo pero a Aarón no le molesta, sabe la magnitud del esfuerzo que Gabi ha realizado tan solo por ayudarlo. Con el paso de las horas Gabi cae rendida pero aunque ella duerme la capa protectora que ha levantado no descansa y sigue cuidando de ellos. Aunque Aarón intenta mantenerse despierto termina por rendirse a los encantos de morfeo.
Al despertar, Gabriela sigue tumbada a su lado y la cúpula de fuego sigue sobre ellos, ya es de día. Se levanta y se estira, le extraña que la chica no se haya despertado antes que él, mira su reloj pero este parece haberse estropeado, las agujas no paran de girar y girar en todas direcciones. Avanza hasta el borde de la semiesfera que sobre ellos se alza e intenta salir pero nada más tocarla siente que la energía se concentra en ese punto y hace que Aarón se aparte. Nota movimiento cerca y se vuelve pero no hay ningún peligro es Gabriela la que se ha movido, se acerca a ella y observa como las gotas de sudor recorren su cara para terminar en su cuello y escote. Siente calor al estar cerca de ella, se aventura a tocar su frente, como sospechaba tiene fiebre, es más está ardiendo.
La toma en brazos y de nuevo se aproxima al límite del manto que los rodea, respira hondo, con tan solo rozarla se ha quemado ¿qué pasará si la atraviesa? No tiene demasiado tiempo para pensar, nota como Gabriela lucha consigo misma por mantenerlos a salvo, nota como se esfuman sus fuerzas y se apagan las llamas que la mantienen vivas. Da un paso y atraviesa la aurora, pero no siente ningún dolor. Mira hacia detrás y observa que ha desaparecido, casi por un acto reflejo mira a Gabi, ha agarrado su brazo y lo aprieta con toda la fuerza que la fiebre le permite. Ella ha hecho desaparecer la capa, y ahora le dedica una de sus preciosas sonrisas. Necesita salvarla, no debe permitir que le pase nada.
Camina sin saber a dónde se dirige durante un tiempo hasta que para en seco, cierra los ojos y se concentra.
-Ostendit viam flumen, nikta mae.
Los árboles se apartan formando un estrecho sendero que les conducirá al río. Aarón comienza a caminar por él todo lo deprisa que el frío y el peso de Gabriela le permiten, a su paso los árboles retornan a su lugar y esconden el camino evitando que alguien pueda seguirlo. Casi puede vislumbrar el río y no puede evitar sonreír, sabe que aún le queda un largo camino hasta alcanzarlo pero no le importa, salvará a Gabriela o al menos eso espera que pase.
-Aguanta Gabi, ya casi hemos llegado.- Susurra Aarón con la esperanza de que aquellas palabras lleguen al interior de Gabriela y reaviven la llama que la hace ser como es.
La marcha hasta la orilla del río se hace eterna para el chico, y al llegar siente que es el quien cae, el río se haya completamente helado. Deja a Gabriela en el suelo con delicadeza y se deja caer, de nuevo la nieve comienza a cubrir el pelo de Gabi, que yace en el suelo, la risa de alivio que antes mostraba se vuelve una risa irónica cargada de rabia, ira, desesperación y tristeza. Con todos estos sentimientos en su interior Aarón se pone en pie de nuevo y se acerca al río, tanto que incluso se adentra en el, cuando ha llegado a la mitad de este se detiene y alza su mano derecha, aprieta con fuerza sus puños y mira por última vez a Gabi antes de cerrar los ojos.
-¡Convertit ad lapidem mea manu, nikta mae!- Grita Aarón con todas sus fuerzas.
En el preciso momento en que Aarón pronuncia estas palabras un haz de luz cae del cielo e ilumina su mano convirtiéndola en una masa de roca. Golpea una y otra vez el hielo hasta que consigue que se resquebraje, la mano de Aarón vuelve a su forma original y este corre hacia la orilla evitando caer en las aguas heladas. Se gira y agacha para recoger a Gabriela y cuando se incorpora nota la respiración agitada de alguien en su nuca. Se da la vuelta todo lo deprisa que puede e inspecciona el lugar con detenimiento.
-¿Quién anda ahí?- Grita sin esperar una respuesta.- Sal de donde estés no te haré daño.
-No pretendía asustarte.- Una vos contesta a los gritos de Aarón.
Una chica colgada de una de las ramas del árbol más cercano aparece casi de la nada, su cabello castaño cuelga hasta casi tocar el suelo, los ojos de la chica, verdes, resaltan en el fondo blanco que la nieve ha creado. Se desliza por el árbol hasta bajar al suelo, avanza hasta Aarón y lo mira con una sonrisa de oreja a oreja.
-Gracias.- Dice la misteriosa muchacha con un tono muy agradable.
-¿Gracias? ¿Por qué me das las gracias?- Pregunta Aarón intrigado y a la vez maravillado con aquella extraña chica.
-Tu has roto el hielo y por eso te doy las gracias.- Antes de continuar da un paso hacia él.- Soy Nerea.
-Encantado, yo soy Aarón y esta es Gabriela.- Contesta señalando con la mirada a Gabi.- ¿Has visto lo que he hecho?- Consigue decir algo asustado.
-Sí, pero no te preocupes, no diré nada.
-Ahora soy yo quien te da las gracias, ¿puedo preguntar por qué no dirás nada?
-Quizá puedas adivinarlo, vivo en un río, me encanta el agua, puedo usar magia relacionada con el agua pero no soy del clan de esta, me llamo Nerea...
-¿¡Eres una Nereida!?
-¡Vaya! Que listo eres. Me toca preguntar: ¿Por qué llevas a esa humana en brazos?
-Está enferma o eso creo, tiene mucha fiebre y la he traído al río para intentar bajarle la temperatura.
-¿Y cómo pensabas meterla en el agua? Si la metes y sigue inconsciente se ahogará.
-Había pensado en eso, me meteré con ella.- Tras decir esto Aarón se acerca al río pero antes de que llegue hasta él Nerea lo detiene.
-Si te metes con ella los dos moriréis congelados.
-¿Entonces cómo lo hago?
-Quítale la ropa, yo me meteré con ella y cuando salga le pondremos la ropa seca y tu le darás calor.
Aunque al principio duda, Aarón, termina por hacer caso a la Nereida, con mucho cuidado desviste a Gabriela. Lo único que deja es el sujetador y las braguitas de la chica. Cuando ha terminado de desnudarla la introduce en el agua con Nerea, durante el corto camino hasta el río Aarón nota como la temperatura de la chica aumenta a cada segundo. Después de dejarla se aleja y contempla a Gabriela, en brazos de una completa desconocida al borde de la muerte y todo por ayudar, lo único que se pregunta en estos instantes es si fue ella misma al intentar protegerlo de la nieve quien se dañó o fue Marcus intentando que no llegarán hasta Helena. La nieve, el hielo en el río, los caminos sin salida,.... demasiadas piedras en el camino como para tratarse de simple coincidencias.
-Nerea, ¿estás de parte de los clanes o apoyas a Marcus?- Grita Aarón desde la orilla.
-De parte de la elegida y espero que la gente de los clanes como tú la encuentre pronto.
-Ya la hemos encontrado.
-¿Y dónde está?
-Entre tus brazos.
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