lunes, 2 de enero de 2012

Capítulo 2

Termina de comer deprisa y sube corriendo a su habitación, ya ha dejado de llover. Se tira sobre la cama pero enseguida se levanta. Ha dejado parte del colchón mojado. Mira la cama y resopla. Se dirige al cuarto de baño y coge su secador de pelo, espera poder secar las sábanas antes de que su madre las vea y de paso también se secará el pelo para poder tumbarse. 
Suena su teléfono, ¿será aquel chico?¿Cómo se llamaba? Adrián. Quiere creer que sí, el número no está en su lista de contactos, esto le da esperanza y más motivos para creer que será él. Suspira y descuelga con una enorme sonrisa e intentando aparentar tranquilidad.
-Hola. -Dice con una voz algo más temblorosa de lo que intentaba aparentar.
-Hola, -Responde Adrián con un tono muy amable y alegre.- he estado pensando en esta mañana y querría conocerte algo más. Y quiero que conozcas a unos amigos míos.
-¿Quieres que conozca a tus amigos? -Pregunta ella asombrada.- Si apenas te conozco a ti.
-Por eso quiero que nos conozcamos, quedamos mañana ¿vale?
-De acuerdo.
Se despiden y cuelgan, todavía le tiembla la voz al pensar en él. No es que le guste pero siente que ya lo conocía, cuando lo mira a los ojos parece poder verle el alma y sabe que es el destino el que los ha unido por algún motivo.


Se tumba en su cama y cierra los ojos. Como tantas y tantas veces atrás un millar de imágenes la asaltan, son pequeños destellos del pasado. Su pasado. Aunque no sabría decir si se trata de realidad o ficción. Se concentra, aprieta los ojos e intenta ordenar esas imágenes en su mente...


Era junio y el sol brillaba, cientos de chicos y chicas inundaban los pasillos del instituto. Todos se dirigían al recreo, un remanso de paz a media mañana. Las voces se ahogaban entre el barullo de la multitud. La gente se agolpaba en las puertas de la cafetería. Ella prefería salir fuera, al patio del edificio. Allí no había tanta gente como en los pasillos, pero algo sucedió. Una luz, apareció una luz en el cielo. Todo el mundo se alejó, intentaban huir pero un soplo de viento cerró las puertas. Ya no había risas en el aire, todo eran llantos, gritos o voces desconcertadas. Pero Gabriela no estaba asustada, no sentía otra cosa que curiosidad y comenzó a avanzar. Sus amigos intentaban detenerla pero antes de poder llegar hasta ella algo los detenía, les impedía alcanzarla y ella siguió avanzando...


Le duele la cabeza, ya no encuentra más imágenes. Entreabre los ojos ¿se ha quedado dormida? Ya no entra luz por la ventana y su habitación está a oscuras. Busca el interruptor en la pared y cuando por fin lo pulsa la luz la ciega, no tiene más remedio que cerrar los ojos. La cabeza le va a estallar. Tras un tiempo abre de nuevo los ojos y busca su móvil para mirar la hora. ¡Cuatro llamadas perdidas! Todas del mismo número. Adrián. No sabe si llamarlo o esperar a que lo haga él de nuevo. Se acerca a la ventana está lloviendo otra vez. Un ruido la asusta, algo ha chocado contra su ventana, mira a través de ella y ve una silueta en la oscuridad. Abre la ventana y saca la cabeza, la lluvia moja su pelo, algo que a Gabriela no molesta.
-Gabi, soy yo. Me he asustado porque no contestabas.- Grita una voz que ya es familiar para Gabriela.
-Lo siento, me he quedado durmiendo.
-Baja, tengo que hablar contigo.
Ella asiente y cierra la ventana, busca sus zapatos pero no los encuentra "de todos modos no me hacen mucha falta" piensa y baja descalza las escaleras intentando no hacer mucho ruido. Sale al jardín y allí lo ve. Mirando al cielo mientras sonríe.
Se acerca a él, y la lluvia comienza a calarla de nuevo como esa misma mañana, a medida que avanza comienza a sentir como un sentimiento de seguridad y calma se apodera de ella. Esa sensación de que encaja, y de que todo irá bien.
-Hola, de nuevo- dice Gabriela con una tímida sonrisa.
-Hola. Quería saber si estabas bien y por eso he venido.- se justifica Adrián.
-Siento no haber cogido el teléfono, me quedé durmiendo.- Dice ella algo avergonzada.
-No pasa nada, a mí también me cansa...- Se detiene antes de terminar la frase, no quiere decir nada sobre ese tema antes de confirmarlo.- Da igual. También quería que me dijeses a qué hora y dónde vamos a quedar mañana.
-Pues no sé, ¿qué tal aquí a las once?
-Está bien, te recogeré aquí a las once mañana por la mañana.
Se aproxima a ella y pone las manos sobre sus hombros, el corazón de Gabriela se acelera y ya no solo cae agua del cielo, comienzan a caer copos de nieve y algún trozo de hielo, siempre acompañados por aquella extraña lluvia, que a los ojos de Gabriela, parece mágica.
-¿Puedo besarte?- Pregunta Adrián muy serio, algo que desconcierta a Gabriela, casi no le conoce.
Ella no contesta, simplemente da un paso hacia él, cierran los ojos y acercan sus caras, sus labios casi se rozan. La tormenta se detiene y las nubes se esfuman dejando que la luz de las estrellas y la luna bañe el jardín. Las gotas de lluvia que han quedado en el suelo comienzan a moverse como si tuviesen vida propia, se desplazan hasta llegar a los pies de Gabriela y comienzan a trepar por la pierna de la chica, esta se da cuenta y se aparta de Adrián antes de que sus labios se unan.
-Lo siento.
Son las últimas palabras que salen de la boca de Gabriela antes de marcharse corriendo.
Las lágrimas resbalan por sus mejillas. Entra a su casa y sube corriendo a su habitación, los ojos le arden y no quiere que aquello se repita.

Era una noche estrellada y también su primera cita de verdad, estaba muy nerviosa y los ojos le ardían pero no le dio importancia. Gabriela y aquel chico estaban sentados en un banco en medio de la nada, perdidos en un precioso bosque. Llovía pero a ellos no les importaba tan solo se miraban el uno al otro y entonces juntaron sus rostros, unieron sus labios en un beso perfecto. Cuando algo salió mal, el agua del suelo comenzó a trepar por Gabi pero ella no se dio cuenta hasta que esta misma agua llego a través de su rostro al chico que le brindó su primer beso. El agua se volvió negra al tocarlo y comenzó a arder, el chico al sentirlo salió corriendo mientras intentaba quitársela de la cara. El agua lo atacó. Después de eso su madre y ella tuvieron que mudarse al pequeño pueblo en el que residen ahora.

Su móvil suena pero ella no quiere responder, sabe que será él y eso le da miedo. El teléfono no para de sonar y al final termina por contestar pero antes de hacerlo respira hondo e intenta relajarse, no quiere que Adrián se de cuenta de que está llorando.
-Hola, siento haberme ido.- Dice Gabriela aun con lágrimas en los ojos.
-No pasa nada, no debí pedirte eso, ha sido por mi culpa.- contesta Adrián con ese tono agradable.
Silencio en ambos lados de la línea. Ella por fin parece haberse calmado un poco, ya no llora e incluso podría decirse que en su cara hay dibujada una tímida sonrisa.
-De verdad, lo siento.- Repite Gabriela.
-Te estás especializando en pedir disculpas.- Dice Adrián riendo.
No continúan hablando mucho tiempo, ya es tarde y Gabriela tiene hambre. Baja a la cocina, su madre está allí esperándola. Ha oído la puerta y también la voz de un chico. Gabi puede adivinar su enfado simplemente mirándola a la cara. Al menos espera que no la castigue y así poder ver a Adrián mañana.

1 comentario:

  1. Muy Precioso,me ha encantado este capitulo...que intriga que.....
    Espero impaciente el siguiente,veremos que sucedera...
    Muy Intrigado,dudoso,...

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