Al cerrar la puerta de la habitación de Gabriela, Aarón pudo oír como Gabi lloraba pero evitó comentarlo con los demás pues sabía que Adrián habría decidido quedarse con ella y lo necesitarán para atravesar el río contracorriente. Cuando salieron de la casa Aarón se apresuró y llamó a Nerea todo lo deprisa que pudo. En seguida se reunieron todos en el lugar que fijaron para su encuentro.
No tardaron demasiado en llegar y allí estaba Nerea cuando alcanzaron su destino. Corrió hacia ellos en cuanto los vio.
-¿Dónde está vuestro amigo?- Pregunta Nerea con interés.
-Se ha quedado con la elegida, alguien debía cuidar de ella.- Responde Aarón si prestar demasiada atención al interés que Nerea había mostrado.
Sin prácticamente intercambiar palabra alguna, caminan río arriba. Adrián observa ensimismado las formas e irregularidades del río, sus curvas, su anchura y caudal, diferentes a medida que avanzan. Parece hipnotizado con el agua, con cada salpicadura, con cada piedra, con cada charca a sus orillas. No puede apartar los ojos del río, siente la necesidad de introducirse en el agua y nadar, dejarse llevar por la corriente, jugar con ella, le hubiese gustado hacerlo, pero sigue caminando, no es momento de descansar, no cuando sabe que Gabi lo necesita.
-No creo que lleguemos a pasar el río hoy, así que será mejor que vayamos buscando un lugar para comer, no tardará demasiado en oscurecer y de noche estos caminos no son aconsejables para nadie.-Dice Nerea deteniéndose en seco bajo la sombra de un árbol desnudo.
-Pero podríamos continuar después de comer.- Exclama Helena extrañada.
-No es una buena idea, créeme. Estamos en pleno diciembre, pronto oscurecerá y tendremos que prender otra hoguera, no creo que sea una buena idea el ir dejando un rastro de hogueras por allá por donde pasemos. Nos quedaremos por aquí.- La voz de Nerea suena rotunda y convincente.
-De acuerdo.- Termina por sentenciar Aarón.- Buscad un lugar donde nos podamos refugiar chicos.- Dice dirigiéndose a los otros dos miembros de su equipo.
Helena mira a Aarón, su mirada expresa más de lo que ambos podrían decir con palabras. Tras las miradas una sonrisa, se hacen cómplices de un sentimiento. Ella se gira pero sin dejar de mirarlo, camina y termina desvaneciéndose entre los árboles junto a su sonrisa.
-Pensándolo mejor creo que ir solos no es una buena idea, iremos por parejas, yo iré con Helena vosotros podéis buscar refugio juntos.- Dice caminando en la dirección en la que antes Helena a desaparecido.
Nerea y Adrián no tienen tiempo de reaccionar antes de perderlo de vista, no parece importarles buscar en pareja un lugar para acampar.
Aarón corre detrás de una sombra que avanza entre los árboles, no puede alcanzarla pero no parece importarle, sabe que conseguirá atraparla.
-¡Espérame!- Grita Aarón, pero no obtiene respuesta.
Ya no la ve, se detiene en un pequeño rayo de sol. No encuentra la silueta de Helena entre las plantas, se gira una y otra vez pero sigue sin verla. En ese preciso instante algo lo sobresalta, alguien a tocado su espalda, se da la vuelta todo lo deprisa que puede y allí está Helena. Antes de que Aarón pueda decir nada Helena se lanza a sus brazos, lo besa apasionadamente y solo detiene el beso cuando a ambos les falta la respiración.
-¡Vaya! Esto no me lo esperaba.- Dice Aarón sorprendido.
-Aarón...- Comienza a decir Helena con un tono más serio.- Vamos a morir.
-Lo sé.- Contesta él completamente convencido.
-¿Y no quieres....? En fin, ¿no quieres que antes nos...?- Intenta decir Helena entre tartamudeos.
-¿Si quiero que nos acostemos?- Pregunta él algo incrédulo.
-Si, eso es lo que quería decir. ¿Y bien?- Contesta aliviada.
-Claro que quiero, pero será algo especial, aunque suene cursi.
Ambos ríen y Helena lo abraza, se vuelven a besar, a menudo que pasa el tiempo el beso se hace más largo y apasionado y parece no importarles el quedarse sin respiración.
-Donde tu estés es un lugar especial.- Termina diciendo Helena.
Aarón se limita a asentir, la coge de la mano y juntos se adentran aun más en la espesura del bosque. Casi escondida entre los árboles encuentran una diminuta cueva con pequeñas aberturas en el techo que hacen que los rayos del sol se asemejen a estrellas. Ese será de ahora en adelante un lugar mágico para ambos.
Adrián camina sin rumbo entre los árboles y Nerea lo sigue. Entre las plantas tanto Adrián como Nerea pueden sentir una masa de agua "tal vez un afluente" piensan. Avanzan hasta dar con él y como creían se trataba de un pequeño afluente. Nerea no lo duda un instante y en cuanto puede se lanza al agua en cambio Adrián se resiste, no cree que sea el momento ni el lugar adecuado.
-Vamos ven, el agua es perfecta y lo estás deseando.- Dice ella sonriendo ya desde el agua.
-No creo que sea una buena idea, estamos aquí para buscar esa flor no para nadar.- Contesta él intentando resistirse a los encantos del agua y de Nerea.
-Ven conmigo, nademos, ven conmigo...- Nerea repite estas palabras una y otra vez como evocando un conjuro.
Adrián comienza a andar, se acerca al agua lentamente, ha caído en su hechizo. Se detiene justo antes de llegar a la orilla y se quita la ropa, todo excepto la ropa interior. Se introduce en el agua lentamente y nada hacia Nerea.
-Adrián, ahora eres mío... ¿lo entiendes?- Le susurra al oído.
Adrián no contesta pero asiente. Del agua comienzan a surgir burbujas y pequeñas esferas de luz, los rodean y estrechan el círculo haciendo que sus cuerpos se junten aun más.
-Sellemos nuestro pacto.- Dice de nuevo con susurros Nerea.
-¿Cómo?- Pregunta Adrián.
-Con un beso.- Sentencia ella.
Y Adrián obeciente a causa del embrujo la besa. Tras ese beso ambos salen del agua y Adrián absorve el agua de sus cuerpos para que nadie sepa lo que ha pasado apenas unos minutos atrás.
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