domingo, 15 de abril de 2012

Capítulo 17

Ya han llegado a casa de Gabi, consiguieron despertarla y pudo entrar a pie. A su madre le dijeron que se había quedado a dormir en casa de Helena y no tuvieron problemas para ser creídos. Están en su habitación y ella yace tumbada en la cama, Adrián agarra su mano y la besa delicadamente mientras que los demás los miran algo extrañados. Aarón también abraza a la chica a la que ama, Helena. Y Éleon simplemente permanece en pie observando la escena desde una esquina de la habitación. Decidieron que Nerea aguardaría en el bosque la señal de Aarón sobre los árboles para reunirse de nuevo en el río.
Gabi no puede mantener los ojos abiertos durante mucho más tiempo y termina por quedarse dormida, sus cuatro nuevos protectores la vigilan y no le quitarán el ojo de encima hasta que todo vuelva a la normalidad.
-Cuando vayamos a buscar la flor no deberíamos dejar a Gabi sola.- Comenta Adrián.
-La dejaremos con Nerea, ella la cuidará.- Contesta Aarón encogiéndose de hombros.
-No, no me parece una buena idea.- Interviene Helena dubitativa.- Esa chica... hay algo raro en ella, no me fío.
-Yo tampoco, uno de nosotros deberá quedarse.- Dice Adrián con un tono firme.
-Yo.- Comienza a decir Éleon.- Yo la vigilaré.
-¿Y por qué tu?- Pregunta Adrián acercándose a él.
-Pues porque si atacan tu no puedes inundar la casa, ella se ahogaría. Helena no podrá prender fuego a la casa porque ella se quemaría, al menos en este estado y Aarón es el que dirige la misión. Solo quedo yo.- Contesta Éleon que está jugando con unas llaves.
Se miran unos a otros y ninguno parece tener queja alguna. Adrián se acerca a Gabriela y la besa en la frente, una lágrima recorre el rostro de Gabi y esta abre los ojos. Alza su mano y agarra con toda la fuerza de la que es capaz el brazo de Adrián.
-No quiero que te pase nada.- Dice entre sollozos.
-Eso mismo me pasa a mí contigo. No puedo permitir que te pase nada y ahora he de salvarte, pero volveré.- Contesta él sonriente.

Gabriela y Éleon observan como uno a uno, los tres componentes de los clanes del fuego, agua y tierra, se marchan por la puerta de la habitación de Gabi. En cuanto el último sale del cuarto, Gabriela rompe a llorar y Éleon se acerca a ella para consolarla. Se sienta a su lado y la ayuda a incorporarse, limpia una de las lágrimas de su rostro con los dedos y la abraza.
-Todo está bien Gabi, no pasa nada.- Dice Éleon con voz tranquilizadora.
-Es por mi culpa... no debí aventurarme en esta misión, era demasiado para mí y no lo supe ver.- Contesta ella todavía con lágrimas en los ojos.
-No digas tonterías, gracias a ti Helena está viva y Marcus bajo capas de hielo y agua en su prisión.- Dice él mientras muestra la mejor de sus sonrisas.
-Gracias, ¿siempre sabes qué decir?- Pregunta limpiando las lágrimas de sus ojos.
-Qué puedo hacer, es uno de mis muchos dones.- Contesta Éleon riendo.
Las carcajadas sustituyen al llanto en la habitación de Gabriela. Se siente con fuerzas suficientes como para ponerse en pie, y así lo hace. Camina hacia la puerta pero Éleon la detiene, la agarra por el brazo y la hace girar empujándola hacia él mismo. Sus cuerpos chocan y Gabi lo mira extrañada, no sabe a qué ha venido eso. Están muy cerca, quizá demasiado.
-No salgas, aun estás débil y es peligroso.- Consigue decir Éleon.
-Pero tu mismo has dicho que Marcus está encerrado y yo me siento mucho mejor.- Dice ella algo desconcertada.
-Aun así no quiero que salgas de aquí.- Contesta Éleon serio y decidido.

Gabriela resopla y se echa de nuevo sobre la cama, mira al techo y da pequeñas patadas al aire como queriendo empujar al tiempo para que este pase más deprisa.
-Oye Éleon, ¿y tu por qué no tienes novia? Es decir, todos la tienen y tu...- Pregunta curiosa como siempre.
-Bueno... yo soy un chico más bien solitario, ninguna chica se fija en mí y yo evito fijarme en ellas.- Contesta sin apenas cambiar la expresión de su rostro.
-Eso es una tontería.- Dice incorporándose de nuevo.- Tu eres un chico muy guapo y muy simpático, no veo motivo alguno por el cual las chicas no se fijen en ti.
-No siempre eso basta Gabi, es más complicado.- Dice él mientras pasea por la habitación, con las manos en los bolsillos y la cabeza agachada.
-Pues yo creo que el amor es sencillo, se siente y ya está. Las excusas que ponemos para evitarlo solo son por miedo. Créeme, a lo largo de mi vida he puesto muchas.
-Aún así es complicado y dejemos ya este tema por favor.
Con estas últimas palabras Éleon pone fin a esa conversación, que le esta causando mayor daño del que Gabriela puede imaginar, ella no sentirá nunca lo que él ha de pasar cada día y cada instante. Pero ahora parece no importarle, cuando la mira, la luz que desprende es mágica. No sabe si es el hechizo eterno de Luz de Luna pero le da igual, no quiere averiguarlo, al menos de momento.

Gabriela camina hacia la puerta pero antes de alcanzarla se gira para mirar a Éleon.
-Quiero ir a la cocina, ¿vienes conmigo?- Pregunta Gabriela.
-Sí, yo te acompaño.- Responde Éleon dirigiéndose hacia la puerta del cuarto.
Ambos bajan las escaleras y llegan a la cocina. Gabriela entra y comienza a abrir y sacar cosas de distintos armarios: un bol, una cuchara grande, unos cuantos huevos, harina...
-¿Qué vas a hacer?- Comenta Éleon con afán de sacar un nuevo tema de conversación.
-Galletas, ¿quieres ver algo divertido?- Contesta Gabi con una sonrisa de oreja a oreja.
Éleon se limita a sonreír y asentir. Gabriela junta sus manos y las frota, sopla en ellas y poco a poco las separa creando entre ellas una pequeña bola de luz que expande hasta cubrir todos los utensilios que se hayan sobre la mesa. Paso a paso la magia de Gabriela crea la masa de las galletas y en solo unos instantes Gabi ha colocado las galletas en el horno.
-Vaya, no sabía que podías hacer cosas así.- Dice Éleon sorprendido.
-Yo tampoco pero algo dentro de mí me ha dicho que lo intentase.- Comienza a decir Gabi entre risas.- Por fin encajo, por fin soy yo, gracias.
Gabi y Éleon caminan hacia el salón, allí esperaran que las galletas terminen de hornearse. Pero antes de que Gabriela pueda alcanzar el sofá las piernas le fallan y cae al suelo, afortunadamente Éleon consigue atraparla antes de que choque contra el suelo. No debió dejarla utilizar su don.

Con Gabriela en brazos, Éleon sube las escaleras hasta la habitación de Gabriela y allí la tumba sobre la cama. Yace pálida y frágil sobre las mantas. No quiere verla así, no puede. Da vueltas alrededor de la cama sin saber que puede hacer, se lleva las manos a la cabeza y resopla. Se arrodilla a un lado de la cama y toma la mano de Gabi.
-Gabi... Vamos, despierta.- Dice desesperado.
Mira la mano de Gabriela y la estrecha con todas sus fuerzas. Tiene que despertarla, sea como sea. Su misión era sencilla: proteger a la elegida; pero no ha sabido cumplirla, se siente un estúpido. No puede dejar de mirar sus labios, ya violetas; sus ojos cerrados, en apariencia para siempre y sus manos frágiles como el cristal.
-Está bie Gabi, yo te salvaré.- Comienza a decir. Suelta la mano de Gabriela y cierra los ojos, se concentra y busca en su mente las palabras adecuadas.- Transferre vires, nikta mae.- Dice colocando sus manos sobre el pecho y abdomen de Gabi.
De las manos de Éleon brota una luz mate que ilumina el cuerpo de Gabi y los hace ascender, se adentra en su corazón y lo aviva como si de una llama se tratase. Éleon ha conseguido transmitir parte de su enegía vital a Gabriela pero a un alto precio, su propio agotamiento. Ahora solo quiere descansar y se tumba en la cama junto a Gabi. Desde allí puede ver como Gabriela se levanta y respira dificultosamente, sabe que le duele el pecho, la energía de Éleon la quema, pero al meno está viva.

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